Pablo tira versos al aire porque sabe quién se lleva las palabras.









'Apunta: Tus pupilas tomaron el relevo de las pupilas de Bécquer.’ 

‘Masturbarme con tus versos debería ser la hostia.’ 

‘Y te haga lo que la primavera no se atreve a hacerle a los cerezos por temor a hacerles daño.’ 



‘Duerme conmigo. 
Prueba a pegarte tanto,
tanto
que quepamos en el mismo sueño.’







Escribir para ella como cuando se pestañea ante el reflejo de un cristal roto. Porque no sé si lo sabéis, pero vuela. 

Vuela alto y el viento que levanta sabe a verano, a hogueras que se encienden y a olas que te tocan. Sabe a ese vaivén loquísimo que te agarra de la cintura para decirte que si no las saltas las demás tardan un sólo segundo en llegar. Que no pasa nada, que vuelven, que son infinitas, que son justas, que no se acaban. 

Me recuerda a mar y a noche porque te envuelve, porque marea y porque calma. Porque las mariposas más bonitas pueden morirse de pena sólo con que las toques y las condenes a vivir en una jaula de seda. 

Recuerdo una tarde de paseo de verdes vivísimos en la que me regaló una lluvia de pompas de jabón y me dijo: "-Para que te sueñes dentro, pequeña". 

Y ya nunca más pude dejar de soñar. 

Cuentan que una vez la luna llena se acostó en su cama para espiarla y que desde entonces se pelea con el Sol por permanecer. Que le brilla la piel como brillan los aullidos de un lobo. Que de ella dependen las mareas y los bailes a medianoche. 

Con ella aprendes a buscar historias en la pequeñez de los días tranquilos, a leer en la infinitud de la cotidianidad. 

Aprendes que los sueños son libres sólo cuando nosotros lo somos también.





No sé en qué momento nos dijeron eso de que "querer es poder", que querer volar es poder hacerlo, que querer querer es poder hacerlo, sin contar con el golpe contra el suelo. Ni el consuelo.

Querer es el poder del otro; para hacerte esperar cuando hace mucho frío, para hacerte hablar cuando hay mucho silencio y para dejarte solo, si es que haces mucho ruido.
Para ponerte de rodillas cuando aún no hacen falta súplicas y para levantarte y poner tu boca a la altura de la suya, que a veces dice "te quiero". 
Cuando quiere decir "te puedo".

Es como no querer escribirte, que sólo consiste en evitar poner el lápiz sobre el papel.
Pero no poder hacerlo...







A veces te despiertas una mañana y las llaves de tu propia casa no encajan en la cerradura.

Y te acuerdas de Quique González y piensas; 'Ayer quemé mi casa...' pero tú no tienes las cerillas en la mano.

Me voy a dejar de tonterías;

Me he despertado un lunes y www.mellamoirene.com estaba desactivado. Sin opción a quejas, con opción a aceptación y en todo caso a un poco de rabia y tristeza, por esos cinco años invertidos en hacer una casa. Una casa que decorasteis vosotros, cada día, dejando parte de vuestra muerte en él.   Leyendo y llorando, que es la forma más bonita de morirse, de risa.

Muchas gracias
esparcidas
por todas vuestras habitaciones.

Por lo visto a Jaime también le gusta que le llamen por su nombre. Y por eso le pareció moralmente correcto coger lo que no es suyo; http://mellamojaime.blogspot.com.es/    

Hay que tener
muy poco
para robar
tanto.

Desde aquí un saludo. Por esa educación que me dieron los bonitos de mis padres.  

Y un par de hostias. Por esta mala educación que me ha dado la bonita de la vida. 



Tengo a la poesía enamorada

volviendo a casa
para follarme cada noche
A mí 
pueden matarme
Sigo siendo más inmoral
¿Pero a ella?

Ella es la inmortal

idiotas.


Nos quedamos

Le joda a quien le joda
Le verse a quien le verse. 









'Conté hacia atrás
para dormirte
y fracasé.'

Zahara.










Yo creía que el amor era no poder dejar de hablar de alguien. Y lo creo, pero el silencio lo destruye.  

Observo a las parejas sonrientes hacerle el amor a los parques, que no es lo mismo que follar en ellos. Y me pregunto quién de los dos hará la cena esta noche y quién se dejará abrazar al dormir.  También, a veces, me pregunto si duermen. O si no han dejado de soñar por soñarse juntos. 

Escucho a los mortales hablar de cómo sonríe su mitad. Escucho a los inocentes hablar de cómo mueven el culo y el mundo sus culpables del latido.    Y me enamoro otra vez, como nunca he dejado de hacerlo. 

Enamoro a tu ego porque tienes tanto amor propio que dan ganas de hacértelo. Ajeno. A las circunstancias. 

Y a veces, en bajito, me acuerdo de Stewart y Tarque. Y pienso en cómo se va a despertar Maggie, si todavía no se ha ido a dormir. 

Maggie, no despiertes.  Septiembre sólo llega para los que se van. 


Que te dejen soñar
de una puta vez
tranquila. 

Ojalá me perdone la prosa, porque la poesía me abandonaría si supiese que la uso para esto. 

Sigo soñando acantilados, aunque no duerma ni los duerma.  Hago como si nada, pero el monstruo del espejo se está ahogando.   Y yo sólo soy una niña asustada del reflejo, por eso nunca salgo cuando llueve.   

Hay más peces en el mar, pero mi tierra de nadie sólo tiene charcos. 

Por lo menos la sangre
no devuelve imágenes. 

Ojalá nunca hubiese aprendido a hablar, besaría muchísimo mejor.  Ojala nunca hubiese aprendido a besar, callaría mucho mejor. 

Hay un infinito terror, escondido debajo de esa manía tan humana, de no querer darnos la razón mientras nos regalamos la culpa. 

Tal vez sea tonta, pero todavía no distingo tus dedos del cielo. Que me dejen mirar, donde me dé la gana. 

Mira, el corazón no se rompe; se para.      Tengo un corazón tan grande que me es imposible llevarlo a todas partes.  Por eso, en situaciones, los bobos dirían que no tengo. 

Aún así, no ando falta de emociones; corro. 

Y sólo le pido a los sentimientos que me perdonen por dejarlos en casa, cuando voy a cualquier parte, en la que no estás tú. 


Y sólo le pido a los sentimientos que te perdonen
cuando vas a cualquier sitio
en el que no estoy yo.

Y se te olvidan.